En su homilía durante el cuarto día del novenario de Nuestra Señora de la Asunción, el Monseñor Miguel Fritz, obispo del Vicariato Apostólico del Pilcomayo, reconoció el avance en la valoración a las comunidades indígenas y el crecimiento de la fe a lo largo de la historia. Invitó a conocer la historia de nuestra fe y de nuestros antepasados, a quienes definió como verdaderos signos de esperanza que nos nutren e impulsan a ser peregrinos de esperanza.

Explicó la importancia de conocer nuestra historia de fe y tomar conciencia de que “no comenzamos nosotros en cero, estamos construyendo encima de lo que nuestros antepasados, en la familia y en las parroquias, han construido”. Como ejemplo, mencionó cómo los nivaclé se acercan diciéndole que tienen niños preparados para el bautismo, que refleja que “tienen una fe firme” y que incluso hay casos en los que “los indígenas son misioneros para los vecinos paraguayos blancos, como ellos dicen”.

El entusiasmo y el amor que los nivaclé muestran por el sacramento de la confesión, para el cual piden dedicar un buen tiempo, y afirmó que “es muy impactante escuchar confesiones de los nivaclé; para mí esa es fuente de esperanza”.

Destacó la historia de la Iglesia en Paraguay, y recordó la figura de Mons. Bogarín, “que salvó la Iglesia del Paraguay durante 54 años, cuando todo parecía terminar”.

Fritz señaló que los desalojos y la lucha por la tierra son problemas que persisten. Compartió que durante un encuentro en Pirayú un indígena expresó que “la política de gobierno es genocida” y sostuvo que la preocupación es muy real, pues “cuatro comunidades en el distrito de Mariscal están luchando por la tierra, y en la parte oriental hay ahora mismo un peligro de desalojo violento, no podemos decir que son cosas del pasado nomás”.

La presencia viva y la firmeza de las comunidades indígenas al reclamar lo suyo son signos claros de esperanza, afirmó el Monseñor. Actualmente, en Paraguay existen 20 pueblos indígenas, con una población estimada de 150 mil personas. En el Vicariato Apostólico del Pilcomayo, casi la mitad de las comunidades católicas son indígenas. De las seis parroquias que lo conforman, tienen contacto con siete pueblos distintos, siendo el más numeroso el nivaclé, con 25 comunidades católicas, por lo cual las misas se celebran en su idioma.