MARTES DE LA SEMANA 32° DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO

Evangelio según San Lucas  17, 7-10

“No hemos hecho más que cumplir con nuestro deber

Jesús dijo a sus discípulos: “Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando éste regresa del campo, ¿acaso le dirá: ‘Ven pronto y siéntate a la mesa’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después’? ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ‘Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber’”. Palabra del Señor.

Meditación

     Gratitud y dignidad. O conciencia del deber cumplido. Jesús se dirige hacia Jerusalén y está por cumplir el gesto supremo de su misión: morir para hacernos vivir; o entregar su Espíritu para que vivamos para Él, amando como nos amó.

En realidad, el seguir sus huellas, genera la gratitud sin la cual no podemos agradar a Dios. A Caín tal vez le faltó la buena voluntad para ofrendar con gratitud, que al tomar conciencia y no pedir perdón, siguió extraviado hasta derramar la sangre de su hermano. Abel, en cambio, ofreció no solo la ofrenda agradable, sino que entregó su vida como tipo de Cristo, que nos ofrece la vida y vida en abundancia. Esto hace agradable las palabras, gestos, y acciones ofrendadas a favor de la gente y en especial de los más necesitados. En este sentido, se reconfiguran las vivencias religiosas y en nuevos contextos socio culturales.

La promoción humana es un acto de fe concreta, loable, edificante, en procesos de secularización y descristianización. Se concentra en el servicio a la Mesa característico de la mujer y la diaconía en la Iglesia. A las mesas de amigos y extraños a nuestra fe común. Esto es así porque provenimos de la fuente eucarística, la Misa que nos libera del egoísmo (autorreferencialidad), para caminar juntos, como pueblo de Dios. En la Eucaristía celebramos la caridad de Cristo presente y actuante en la vida, no sólo de los oferentes. Realizamos la ofrenda de nuestras vidas unidas al Sacrificio de Cristo que se ofrece al Padre, donde más que el sometimiento a ciertos procesos que despersonalizan la Palabra de Dios, nos comprometemos a realizar bienes concretos que trascienden la historia.

 

¡Bendigo al Señor en todo momento!

Bendigo al Señor en todo momento,

su alabanza está siempre en mi boca;

mi alma se gloría en el Señor:

que los humildes lo escuchen y se alegren.

Gentileza, Arzobispado de Asunción