En las calles de Teherán crece la inquietud ante la posibilidad de una nueva escalada militar con Estados Unidos, luego del envío de una flota estadounidense a la región por orden del presidente Donald Trump. Mientras el Gobierno iraní se prepara para un escenario bélico, la población revive el temor de la guerra de junio, que dejó más de mil muertos en el país.

Ahmad, profesor de inglés y padre de dos hijos, ya almacena alimentos y dinero en efectivo, convencido de que un eventual ataque podría ser aún más devastador y afectar directamente a los civiles.

El contraste se hace visible en los muros de la capital, donde enormes carteles oficiales muestran portaaviones destruidos y amenazas simbólicas a Washington, en un intento de reafirmar fortaleza. Sin embargo, detrás de esa narrativa desafiante, muchos ciudadanos reconocen el impacto psicológico de los bombardeos pasados y se preparan en silencio ante lo que vendría.

Mientras las autoridades iraníes consideran más probable la guerra que la negociación y aseguran estar listas para responder, en Teherán el miedo vuelve a instalarse como parte de la vida cotidiana.