En la homilía de hoy, en la Santa Misa celebrada desde la Capilla del Señor Jesús, en Colombia, se nos recordó que el “fuerte”, es decir, el mal presente en nuestro mundo, solo puede ser vencido si permitimos que “el Más Fuerte”, que es Dios, entre en nuestra vida y actúe con el poder de su Espíritu.

A partir del Evangelio, el Padre Fabio Giraldo, estableció un paralelismo con la vida cotidiana y con los múltiples males que la afectan: la violencia, la corrupción, las adicciones y el sufrimiento. El “fuerte” continúa actuando en la sociedad, especialmente en niños y jóvenes que se encuentran alejados de Dios y expuestos a una cultura que muchas veces les promete autosuficiencia, pero los deja vacíos y vulnerables.

El mal, representado por el “espíritu inmundo”, puede habitar incluso en espacios religiosos y en el corazón humano. Las enseñanzas vacías, carentes de la fuerza de Dios, no logran expulsarlo. En cambio, la palabra de Jesús es poderosa y eficaz; es por eso que el mal se inquieta y se estremece, porque ha llegado alguien “más fuerte”, capaz de desenmascararlo y vencerlo.

Para que esto ocurra, es necesario dejar a Cristo entrar en el corazón y permitir que su palabra transforme nuestra vida.