A 50 años del 13 de enero en que la dictadura intervino el Colegio Cristo Rey, el testimonio del comunicador Mario Ferreiro vuelve a poner en palabras un hecho colectivo muy sentido. Recordó cómo aquella medida fue parte de un esquema de represión más amplio contra una iglesia y una educación con fuerte compromiso social, donde pensar, leer y debatir ya era considerado un acto subversivo.
“Para quienes éramos alumnos entonces, la noticia significó vigilancia, miedo y la ruptura abrupta de una adolescencia atravesada por el autoritarismo”, memoró y subrayó que el “mayor delito” de docentes y sacerdotes fue enseñar a pensar, formar criterio y abrir la mirada a un mundo distinto al impuesto por el régimen.
Ferreiro evocó a compañeros perseguidos, asesinados o forzados al exilio, y destacó la importancia de mantener viva la memoria para que no se repita la historia. Hoy, con el Cristo Rey reconocido como sitio de la memoria, el recuerdo de aquel 13 de enero sigue interpelando a nuevas generaciones sobre el valor del pensamiento crítico, la libertad y el compromiso social.







