Siglo VI a.C

Zacarías, cuyo nombre significa “el Señor recuerda”, es el profeta más citado en el Nuevo Testamento, después de Isaías. Perteneciente a la tribu de Leví, nacido en Galaad y vuelto, en edad avanzada, de Caldea a Palestina, es llamado al ministerio profético, en el mismo año del profeta Ageo, en el 520 a.C.

A través de visiones y de parábolas, Zacarías anuncia la invitación de Dios a la penitencia, para que se cumplan las promesas hechas desde antiguo. Subraya el carácter espiritual del nuevo Israel, su santidad, realizada progresivamente a la par de la reconstrucción del templo y de su crecimiento material.

Este profeta anuncia al pueblo judío, vuelto del exilio, que la acción divina, en esta obra de salvación, alcanzará su plenitud con el reino del Mesías. Este renacimiento es fruto exclusivo del amor de Dios y de su omnipotencia: “Liberaré a mi pueblo. Lo traeré a habitar en Jerusalén: serán mi pueblo y yo seré su Dios, en la fidelidad y en la justicia”.

La alianza realizada en la promesa mesiánica con David retoma su curso en Jerusalén: “¡Exulta con todas tus fuerzas, hija de Sión, salta de júbilo, hija de Jerusalén! Que viene a ti tu rey: justo y victorioso; humilde y montado sobre un asno”.

La profecía se cumple a la letra con la entrada solemne de Jesús a la ciudad santa, Jerusalén.

El asno, contrapuesto al caballo de fuera, simboliza la característica pacífica del rey Mesías: “Él anunciará la paz a las gentes; su reino se extenderá de mar a mar”. Así, junto al amor ilimitado hacia su pueblo, Dios revela una apertura total hacia las naciones, que entrarán purificadas a hacer parte del reino.

Zacarías realizó muchos prodigios. Muerto a avanzada edad fue sepultado junto a la tumba del profeta Ageo.

 

Oficina de Pastoral de Radio Cáritas UC