El especialista en neurociencia Pablo Silvetti explicó cómo el cerebro humano está programado para la interacción social y la empatía, gracias al funcionamiento de las llamadas neuronas espejo. Durante La Otra Campana, señaló que estas neuronas se activan tanto cuando una persona realiza una acción como cuando observa a otra hacerla. Un ejemplo simple es el contagio del bostezo o el hecho de emocionarse ante la tristeza ajena.

Estas neuronas espejo permiten comprender lo que el otro siente y son la base biológica del comportamiento gregario: “Para entender al otro, necesitamos vivenciar lo que vive”, expresó. En el cerebro, se ubican en áreas vinculadas a la interpretación de gestos y comportamientos. Gracias a ellas, explicó Silvetti, somos capaces de leer la actitud de una persona incluso antes de interactuar verbalmente: “El ser humano es 70% gestual, 20% tono y apenas 10% palabras”.

Silvetti también comparó estos mecanismos con el consumo de bebidas estimulantes o depresoras. Mientras el café o la yerba mate favorecen la alerta y la conversación, el alcohol desinhibe las funciones racionales del lóbulo prefrontal, dejando que la amígdala —centro de las emociones impulsivas— tome el control. “La combinación de noche y alcohol puede llevar a reacciones agresivas porque domina lo emocional”, señaló.

Finalmente, destacó que las neuronas espejo son clave en el aprendizaje, especialmente durante la infancia, cuando los bebés imitan gestos y actitudes antes de dominar el lenguaje. Por eso, la empatía y la comunicación no se aprenden solo hablando, sino observando y conectando con los demás: “Primero generalizamos para acercarnos, luego particularizamos para construir vínculo. Así nacen las relaciones humanas”.