Bajo el tema “Esperanza para los enfermos, abandonados, empobrecidos y marginados”, el Monseñor Marcelo Benítez, obispo de la diócesis de Caazapá, expuso la cruda realidad que enfrentan los dolientes en un país con un sistema sanitario deficiente y una sociedad que da la espalda, e incluso “desprecia” al que necesita; actitudes contrarias al mensaje de amor inclusivo de Jesús.
En el contexto del tiempo de Jesús, quien se acercó a los marginados y excluidos de la sociedad, como el leproso o la mujer adúltera, considerados impuros, acercarse a ellos era algo impensable; por tanto, Jesús “desafió las mismas normas sociales”, para devolverles la esperanza y la dignidad.
De la misma forma, hoy estamos llamados a seguir su ejemplo de amor inclusivo que transformó la vida de muchos: “Jesús, a través de sus enseñanzas y acciones, mostró que cada persona tiene un valor intrínseco, independientemente de su estatus social, raza o historia personal. Esto ha inspirado a numerosas personas a encontrar nueva esperanza y numerosos propósitos en sus vidas. El amor de Jesús proporciona una profunda restauración emocional y espiritual”.
También recordó la misión de la Iglesia de ser un lugar de acogida, de apoyo y esperanza para los pobres: “Los cristianos somos llamados a hacer realidad esta salvación trabajando por una mayor justicia, trabajando por una mejor condición de vida para todos. Decimos ser Iglesia, no solamente señalar a los otros, sino implicarnos y complicarnos para trabajar por nuestros hermanos más necesitados”. Citando a San Juan, recordó que “No amemos de palabras ni de boca, sino de verdad y con obras”.
Acompañar a los marginados con cuidado, cariño, afecto; brindar fortaleza a los enfermos, valorarlos, dignificarlos como personas, acompañarlos en su inserción en la sociedad. Y por supuesto, “exigir el cumplimiento a las autoridades de sus responsabilidades, es tarea de ellos y comprometernos con ellos”.







