En la primera misa del novenario de Nuestra Señora de la Asunción, coincidente con la fiesta de la Transfiguración del Señor, el Monseñor Pierre Jubinville, obispo de San Pedro Apóstol, denunció durante su homilía la entrega ingenua de la esperanza tanto en las autoridades civiles como en el mercado, esperando que “algo nos toque”.
Eso no condice con la esperanza que viene de la gloria de Dios, que “puede ser que parezca ingenua, pero no defrauda, la gloria habita en nuestra tierra”.
Así como celebramos la entrada de Jesús en la gloria, también se celebra la asunción de autoridades civiles cada 15 de agosto, y es allí donde puede surgir una “trampa”: la entrega ingenua del pueblo que deposita su esperanza en los líderes, esperando beneficios.
“Jareko ñande mburuvicha guasu ha jajeko haguã hese”, citó y explicó que existe esa tendencia a depender de figuras de poder. Esa misma lógica se traslada al ámbito económico, donde el pueblo “se entrega a un mercado que fabrica élites”, corriendo detrás del sueño de ingresar al grupo de los ricos y con la confianza ciega en que algo “derrame”.
Trajo a colación las palabras del Papa Francisco en “Fratelli tutti”, en la cual realiza una crítica al neoliberalismo que “se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico derrame”, sin resolver la inequidad social, que genera nuevas formas de violencia.
De esta manera, explicó que la verdadera esperanza cristiana no reside en esa espera pasiva de favores o beneficios, sino en la unción que todo bautizado ha recibido, que llama al protagonismo, la corresponsabilidad y la dignidad compartida. “No puede ser que nuestra participación sea una entrega servil a autoridades pidiendo favores”, remarcó.
La gloria de la Transfiguración, concluyó: “no perpetúa relaciones de dependencia, sino que habita en nuestra tierra y se manifiesta en una comunidad que se levanta junta, con libertad, alegría y compromiso”.







