La violencia extrema entre adolescentes y jóvenes vuelve a poner en discusión la importancia de la crianza y la formación durante las primeras etapas de la vida. La psiquiatra y psicoterapeuta Mirta Mendoza explicó que este tipo de conductas no necesariamente están vinculadas con una enfermedad mental, ya que existen personas que saben diferenciar entre el bien y el mal, pero presentan dificultades para controlar sus impulsos y respetar límites.

La especialista señaló que la personalidad se construye a partir de factores genéticos, pero también de las experiencias familiares y sociales. Por eso, consideró fundamental que durante la crianza existan afecto, protección y límites claros frente a conductas que pueden dañar a otras personas. La ausencia de estos límites puede favorecer comportamientos antisociales y una percepción equivocada de poder sobre los demás.

Mendoza también cuestionó los mensajes sociales que normalizan la violencia y la desvalorización, especialmente hacia mujeres, niñas y niños. Sostuvo que las sanciones frente a hechos de maltrato tienen un importante valor simbólico, porque establecen qué conductas son rechazadas por la sociedad. También remarcó que desde la familia y la escuela se debe enseñar que nadie tiene derecho a tocar, humillar, someter o maltratar a otra persona.

Destacó la importancia de que niñas, niños y adolescentes tengan un adulto de confianza al que puedan acudir ante situaciones de violencia o abuso. Explicó que no basta con creerles, sino que también es necesario actuar y brindarles protección. Advirtió que las experiencias de abuso y maltrato pueden aumentar el riesgo de consecuencias graves, incluida la conducta suicida, por lo que consideró necesario fortalecer las redes de protección.

 

M.S.