En el tercer día del novenario a la Virgen de Caacupé, el Monseñor Celestino Ocampo, obispo de Carapeguá, recordó que Dios creó el mundo y los bienes materiales para todos, no para unos pocos privilegiados.
Señaló que el destino universal de los bienes es un principio central de la Doctrina Social de la Iglesia, reafirmado por el Papa Francisco, quien enseñó que la propiedad privada está subordinada al bien común y al acceso de todos a lo necesario para vivir dignamente.
Mons. Ocampo invitó a reflexionar sobre tres derechos fundamentales: tierra, vivienda y trabajo, y que sea un empleo digno a quienes desean trabajar y no encuentran oportunidades; asegurar una vivienda adecuada a todas las familias. Si bien reconoció los esfuerzos del Estado, señaló que aún son insuficientes frente a la enorme demanda.
También pidió a la propia Iglesia organizar mejor la caridad y compartir los recursos entre las comunidades.
Al iniciar el tiempo de Adviento y en el marco del lema “El bien común: denles ustedes mismos de comer”, exhortó a no desentenderse del sufrimiento ajeno. Retomó el llamado del Papa Francisco sobre las “tres T” (tierra, techo y trabajo), lamentó que hoy estén cada vez más lejos para la mayoría y pidió comprometerse activamente para aliviar el dolor de quienes carecen de lo básico.







