San Pedro Canisio, Presbítero y Doctor de la Iglesia (1521 – 1597)

“Tú, al final, como si hubieras abierto el corazón de tu santísimo cuerpo, que me parecía ver ante mí, me mandaste beber de aquel manantial, invitándome a alcanzar las aguas de mi salvación de tus fuentes, oh Salvador mío”. Con estas palabras, Pedro Canisio recuerda la visión tenida en San Pedro, en el momento de su propia consagración religiosa.

Su destino está ya escrito en la fecha del nacimiento: 152, en Nimega, Holanda, año dela publicación de las tesis de Martín Lutero. Dotado de grandísimas capacidades intelectuales, estudia letras, derecho canónico y teología, en Colonia. Practica los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola y madura la certeza de su vocación.

Su primera plaza pública será Colonia, donde representa al pueblo y al clero en la disputa con el arzobispo de la ciudad, tentado por la adhesión al protestantismo. Participa en el Concilio de Trento y es llamado a Roma por Ignacio de Loyola, para completar su formación. Ignacio aprecia su fe, inteligencia superior y cultura poco común. Al punto que le confía la misión de ayudar al duque de Baviera, Guillermo IV, a defender los intereses del catolicismo. Su obra de apoyo a la Iglesia católica continuará en Austria, en Suiza, en Hungría, en Bohemia y en Alemania meridional, moviéndose incesantemente de un púlpito a otro y participando en la Dieta de Worms contra Lutero.

En las pausas escribe notables obras teológicas, entre las que se encuentra un Catechismo, conocido como el Canisio, traducido a doce lenguas y reimpreso en 200 ediciones. Definido por el Papa León XIII como “el segundo apóstol de Alemania, después de Bonifacio”, Pedro Canisio fue teólogo, pastor de almas, predicador, escritor, rector de universidad, fundador de colegios y orientador de sus hermanos de comunidad jesuitas. Pero, fue, sobre todo, un incansable renovador de la Iglesia católica en Alemania, en un momento de encendidas disputas y de relajamiento de la vida moral, causados por la ruptura de Lutero, de la que se lamenta, acuñando la frase: “Pedro duerme, Judas vigila”. Aquel que la voz popular llamaba “el martillo de los herejes” muere en el púlpito, el día de la Navidad de 1597. Será proclamado santo y Doctor de la Iglesia en 1925.

Patrono de Innsbruck. Es protector de la organización de las escuelas católicas de Alemania.

Hoy también se recuerda a san Temístocles.

 

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