Una nueva y masiva ola de protestas sacude a Irán, esta vez atravesada con fuerza por el deterioro económico, la inflación y las crecientes dificultades de la población para llegar a fin de mes. Según explicó el politólogo Esteban Caballero, a diferencia de movilizaciones anteriores centradas en libertades públicas y derechos de las mujeres, el actual escenario combina reclamos sociales con una respuesta represiva.
El régimen teocrático se mantiene rígido, mientras crece la atención internacional por las advertencias y declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump y la acumulación de tensión militar en la región. Estas crisis se inscriben en un contexto global más amplio, marcado por un giro en la política exterior de Estados Unidos hacia una lógica de fuerza y defensa directa de intereses estratégicos.
Caballero señaló que, lejos de un rol de “gendarme del mundo”, se trata de un escenario de realismo crudo en las relaciones internacionales, donde se fracturan viejos equilibrios, se debilitan alianzas históricas y los países buscan reposicionarse en un mundo cada vez más inestable, a la espera de definiciones clave dentro de la propia política estadounidense.







