El fútbol ha sido históricamente una plataforma de proyección política en Paraguay. La presencia de presidentes en concentraciones de la selección o en eventos deportivos responde a una estrategia de visibilidad, aprovechando la fuerza emocional que genera el deporte en la ciudadanía. En consultoría política, esta cercanía es vista como una manera de mejorar la imagen y conectar con la gente desde la pasión popular.

El caso de Horacio Cartes es un ejemplo claro. Desde su rol como dirigente del Club Libertad, construyó una exposición mediática que funcionó como la campaña más larga de la historia, hasta alcanzar la presidencia. Este fenómeno no es aislado; empresarios como Berlusconi, Macri o Piñera también utilizaron el deporte y los negocios como puente hacia el poder político, demostrando cómo el fútbol puede convertirse en un trampolín hacia el liderazgo nacional.

Según el análisis del Dr. Leandro Prieto, más allá del dinero, lo que impulsa a estas figuras es la vocación de poder. El liderazgo y el reconocimiento social generan un magnetismo adictivo, comparable al fervor futbolístico. En la política, como en el deporte, las emociones predominan sobre la razón: la gente vota movida más por simpatías, carisma o cercanía que por propuestas. Así, el fútbol y la política se entrelazan en un mismo terreno de pasiones.