El padre Luis Zazano, sacerdote tucumano y director del medio “Misioneros Digitales Católicos”, reveló cifras preocupantes que reflejan una realidad poco visible: entre 2018 y 2023, el 62 % de los sacerdotes en Argentina padeció directa o indirectamente depresión. Aunque la imagen del sacerdote suele mostrarse siempre firme, disponible y sin fatiga, la verdad es que muchos curas están cansados y sufren en silencio.
El sacerdote explica que hay tres etapas clave donde suele aparecer el quiebre emocional.
Uno, en el tiempo de formación en el seminario: “Nos hemos detenido demasiado en cómo tratar a la mujer y “evitar la tentación”, pero la vida afectiva y mental no se reduce solamente a eso”, señala. Existe la necesidad de ampliar y abordar en profundidad la salud mental desde el inicio de la formación de los sacerdotes.
Otra etapa crítica es en los 10 primeros años de sacerdocio, cuando se enfrentan a una realidad institucional con estructuras frías, sin apoyo humano, donde desaparece la motivación inicial. Muchos dicen: “no tengo el llamado de mi obispo, se me exige mucho, se me pide mucho, todo el tiempo. El acto romántico que existía en mi vida sacerdotal, ya no está presente, se pierde y genera una depresión, una autoestima baja”, relató.
La otra etapa identificable es más adelante: la soledad. El sacerdote está lejos de su familia y empieza a sentir que la comunidad solo lo busca por sus servicios, pero no lo acompaña. “Ya no aparece el goce. Solo cumplimiento. Y como bien dice lo dice la misma palabra: mitad que cumplo y mitad que me miento.”
Esta realidad no se resuelve rezando más. “La fe no sana por sí sola. Si te duele el estómago, no rezás un rosario, vas al médico. Con la depresión pasa lo mismo: hay que ir al psicólogo”, remarcó el P. Zazano.
Frente a esto, el P. Zazano sostiene que el cambio empieza por asumir que el sacerdote es humano, limitado y frágil, como cualquiera. Y por eso, necesita espacios de cuidado real:
• Acompañamiento espiritual.
• Acompañamiento psicológico.
• Vínculos reales fuera del ámbito religioso.
• Tiempo para descansar, disfrutar, hacer deporte.
• Y romper con el mito de que el cura puede con todo.
“El equilibrio en la vida del sacerdote no es un lujo. Es necesario que el sacerdote ponga ‘un párate’, darle un espacio para que se cuide, para que se dé un tiempo.”, concluyó.







