A más de seis décadas del inicio del modelo político instaurado tras la Revolución Cubana, Cuba atraviesa un escenario de alta tensión social y económica, marcado por escasez, apagones y descontento ciudadano.

En este contexto, el régimen enfrenta presiones internacionales, particularmente desde Estados Unidos durante la administración de Donald Trump, lo que ha reactivado expectativas sobre eventuales negociaciones políticas.

Sin embargo, persiste la desconfianza de amplios sectores de la población ante posibles reformas, en medio de una historia de promesas incumplidas y restricciones a la disidencia. Analistas coinciden en que la combinación de crisis interna y presión externa configura un momento clave, aunque incierto, para el futuro político de la isla.