A 50 años de la desarticulación de la Organización Primero de Marzo (OPM) en Paraguay, expertos recuerdan cómo la captura y tortura de sus dirigentes urbanos y rurales, tras la caída, permitió a la policía acceder a archivos completos de la organización y desencadenó una ola de represión que marcó el fin de la experiencia clandestina y debilitó profundamente al movimiento campesino, recuerda el escritor Carlos Pérez Cáceres.
La vinculación de la OPM con las Ligas Agrarias (1976) había buscado proteger tierras y generar un brazo de defensa campesino, pero la brutal intervención de la dictadura de Stroessner convirtió regiones como Abrancué en escenarios de desapariciones y control absoluto, retrasando por años la movilización social y la lucha por la tierra en departamentos como Misiones y Cordillera.







