Más de 130 jóvenes se reunieron en la Casa de Emaús, en Luque, para participar del Curso de Animación de Comunidades Juveniles, un espacio de formación y reflexión en torno a la Carta Pastoral de los obispos. Ana Maureen, miembro del Instituto de Pastoral de Juventud del Paraguay, animó a los jóvenes a asumir un compromiso activo en sus comunidades eclesiales, promover la transparencia y la construcción de una auténtica cultura del cuidado.

“Una de las cosas que más resonaba en el grupo era la necesidad de ser transparentes como jóvenes, de no ser cómplices de aquello que vemos que se hace mal, para que después no se nos señale por no haber hecho nada para dejar brillar esa luz que tanto necesita la Iglesia”, expresó Maureen.

En otro momento, recordó que la cultura del cuidado en las comunidades se construye desde los gestos más simples: un saludo, el interés genuino por lo que le sucede al otro y, sobre todo, la escucha activa.
Por eso, destacó el rol fundamental de los animadores juveniles, a quienes definió como “esa luz y esa sal que dan vida a la comunidad juvenil”.

Señaló que se trata de personas con una profunda espiritualidad, llamadas a acompañar tanto a los coordinadores como a las comunidades juveniles. “Es un servicio: si ven algo que no está bien, deben intervenir, ayudar y acompañar. El rol que cumplen es fundamental”, concluyó.