En el Ángelus del primer día del año, el Papa León XIV invitó a comenzar 2026 como una auténtica renovación del tiempo, recordó que el Jubileo que concluye ha enseñado a transformar el corazón y sembrar esperanza de un mundo nuevo y “transformar los agravios en perdón, el dolor en consolación y los propósitos de virtud en obras buenas”.

Durante la misa de la solemnidad de María Santísima Madre de Dios y LIX Jornada Mundial de la Paz, afirmó que cada día puede ser un nuevo comienzo gracias a la misericordia divina. Comparó el paso de Israel de la esclavitud a la libertad con la experiencia actual de la humanidad, llamada a dejar seguridades falsas para caminar hacia un futuro abierto, sostenido por la mirada benévola de Dios que acompaña y libera.

El Papa explicó que el rostro de Dios revelado en Jesús es “desarmado y desarmante”: un amor gratuito que no salva con espadas ni condenas, sino comprendiendo, perdonando y acogiendo. El Santo Padre señaló que, en la Virgen María, se encuentran dos realidades igualmente desarmadas: un Dios que se hace niño y una mujer que confía plenamente con su libertad. Desde el pesebre, nace nuestro compromiso de ponernos en camino como mensajeros de paz, para vivificar la historia con un Evangelio que renueva la faz de la tierra.