La directora de Indicaciones Geográficas de la DINAPI, Patricia Schembury, explicó el alcance y la importancia de proteger legalmente productos emblemáticos del país mediante indicaciones geográficas y denominaciones de origen. El mal uso en la legislación paraguaya contempla sanciones que pueden incluir penas de hasta 5 años de prisión por falsificación.

Estas figuras, señaló, resguardan nombres vinculados a un territorio específico, cuya calidad o reputación depende directamente del lugar donde se producen, como ocurre con la chipa de Coronel Bogado, el chorizo sanjuanino o el licor de Yegros.

Schembury aclaró que estas certificaciones no funcionan como marcas comerciales, sino como un sello colectivo que garantiza autenticidad. Solo los productores autorizados pueden utilizar el nombre protegido, lo que impide que terceros, dentro o fuera del país, lo usen sin cumplir los requisitos. “Es un valor que beneficia tanto al productor como al consumidor, porque asegura origen y calidad”, afirmó.

La funcionaria explicó que registrar una indicación geográfica implica un proceso exhaustivo: organización de los productores, elaboración de un dossier técnico, visitas de verificación de la DINAPI y conformación de un comité regulador. Una vez reconocido y registrado el nombre, los productores habilitados pueden denunciar a quienes lo utilicen sin autorización.

Consultada sobre casos cotidianos, como la venta de “chipa Barrero” o “chipa de Coronel Bogado” en Asunción, Schembury señaló que la protección permite evitar engaños al consumidor y frenar el uso indebido de nombres tradicionales. “No se trata solo de comercio: detrás de cada producto hay historia, identidad y un saber hacer que merece ser preservado”, destacó.