En un contacto desde Roma, el Monseñor Marcelo Benítez, obispo de la diócesis de Caazapá, uno de los últimos obispos nombrados por el Papa Francisco, compartió los momentos más emotivos en el marco de un curso que toma con otros tres obispos de nuestro país y reflexionó sobre el rol del pastor de la Iglesia en nuestra realidad.
Entre los temas abordados destacan: el trabajo sinodal, el papel del obispo constructor de puentes culturales en el mundo de hoy, la búsqueda de sentido entre los jóvenes, la sinodalidad, el ministerio episcopal, la esperanza al sufrimiento, la migración, la Iglesia como casa segura, entre otros.
Para el Monseñor, en Paraguay se necesita específicamente concretar el trabajo sinodal. “Aprender a trabajar con el espíritu sinodal, a veces no es fácil porque hay personas que no saben trabajar en redes, sacerdotes muy referenciales”, afirmó.
Sin embargo, explicó que la tarea del obispo, “no es tarea fácil, pero hay un esfuerzo. Cuando se está ahí, uno siente en carne propia lo que es esta responsabilidad, que sin ese gran amor a Dios, esa amistad profunda no sería posible llevar. Los obispos, con sus virtudes y defectos, de alguna manera procuran, pero debemos de preocuparnos de que la voz sea más fuerte, frente a tantos conflictos, a tantas corrupciones, sufrimientos, frente a los hermanos más pobres y necesitados, es el desafío”.







