En vísperas de la fiesta de Nuestra Señora de la Asunción, en el último día de su novenario, dedicado a la “Vida consagrada – Peregrinos de Esperanza por el camino de la Paz”, el Monseñor Vincenzo Turturro, Nuncio Apostólico, agradeció a los religiosos que acompañan y hacen suyos los sufrimientos del pueblo de Dios y pidió a la comunidad en general a no caer en el peligro de ser “cristianos de labios”.

También invitó a imitar a María en tres características esenciales: vida, esperanza y paz, para no ser indiferentes ante las necesidades, la violencia y las atrocidades. Señaló que “la Virgen Madre, con su belleza, nos mueve por dentro para que cada uno de nosotros se sienta responsable directo en la paz”, en la familia, en las comunidades y en el país.

El Mons. Turturro recordó que la grandeza de María radica en su discipulado: “No podemos pensar la vida de María separada de Cristo”. Por tanto, afirmó que escuchar la Palabra de Dios sin ponerla en práctica nos convierte en cristianos “de labios”. Observó que “nos decimos cristianos y luego vamos buscando los favores de los poderosos, adulando a los que tienen plata, tratando de acomodar las cosas de acuerdo a nuestras necesidades. Significa que esa palabra escuchada no penetró en nuestro ser”.

En el contexto de la fiesta patronal, exhortó a que la celebración sea “una semilla” de esperanza sembrada en los surcos de la sociedad paraguaya, capaz de dar frutos de identidad cristiana.

Denunció la “piedra” de la indiferencia, la violencia verbal y la falta de respeto que impiden buscar el bien común. Y agradeció a los religiosos que “comparten la vida de la gente más humilde y asumen sus reclamos prestándole su voz a los que nadie quiere escuchar”.

Finalmente, el Nuncio pidió mirar con los ojos de María, “iris de paz”, que nos invita a no caer en la normalización y a romper la indiferencia que nos hace aceptar como cotidianas estas injusticias: “nuestros ojos se detienen ante imágenes engañosas de las bellezas de este mundo y nos quedamos indiferentes ante los nenes descalzos, pidiendo dinero en nuestras calles, frente a los niños que se mueren de hambre, por la guerra, sobre todo en Gaza, … Nos acostumbramos a pensar que el cuerpo de una mujer está nuestra disposición y casi no nos indignan más las historias de mujeres, a veces niñas, todavía, violadas y matadas”.