Detrás de la sotana y el hábito, los sacerdotes y religiosas también pueden padecer depresión.
La triste noticia de sacerdotes que sufren en silencio, o incluso llegan a quitarse la vida, nos interpela como sociedad a mirar una realidad poco visibilizada: los religiosos también sienten tristeza, soledad y el peso de una vocación exigente. Muchas veces, la entrega total al servicio y la idealización del papel no permiten ver que son también seres humanos, con límites, emociones y necesidades como cualquiera.

Este llamado de conciencia lo abordó en una entrevista para Caritas, el Padre Luis Zazano, tucumano y director del medio “Misioneros digitales”, que trabaja en esta causa en conjunto con el CEMIN (Comisión Episcopal de Ministerios) en Argentina, en un proceso lento de abordar la salud mental de los sacerdotes desde la formación en los seminarios, planteado desde el Papa Francisco en el 2018 y con más fuerza en el 2021, a raíz de la pandemia y sus efectos.

El sacerdote explica que se proponen 5 pasos para lograr el equilibrio en la vida del cura: El primero es el acompañamiento espiritual, es decir, que cada sacerdote cuente con otro que lo acompañe en su camino, brindándole escucha y guía. El segundo, es que cada cura cuente con el acompañamiento de un psicólogo. En tercer lugar, forjar amistades sinceras fuera del ámbito institucional, dedicar tiempo al descanso y al deporte, un tiempo para sí mismo. Y quinto, romper prejuicios que idealizan al sacerdote: “que la gente empiece a aceptar que el sacerdote tiene límites”.