Jorgelina Arzamendia, dueña del gatito que se volvió viral por ser echado del transporte público, obligados a bajar por la policía, relató que si bien la empresa de transporte pidió disculpas y se acercó a su vivienda con alimento para su mascota y pasajes gratuitos, el episodio sigue siendo doloroso.

“El mal rato queda, eso no se olvida”, expresó, aclarando que quienes dieron la cara fueron empleados y no representantes directos de la firma, aunque reconoció que cumplieron con lo que les correspondía. La mujer explicó que llevaba a su gatita en una transportadora, como lo hace desde hace seis años, y que ya había pagado su pasaje cuando se le exigió descender, situación que llevó a la comisaria.

Señaló que nunca antes tuvo inconvenientes viajando con sus animales y defendió su derecho como pasajera y como protectora, ya que actualmente cuida a 15 gatos rescatados. El caso generó una fuerte reacción ciudadana y el reconocimiento de la normativa vigente en el transporte público.