Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud. Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes purificarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. Y al instante quedó purificado de su lepra. Jesús le dijo: “No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio”. Palabra del Señor.
Meditación
La huella de Dios pasa con Jesús, manifestando su compasión y solidaridad hacia quien sufre, y revela su autoridad no solo con palabras, sino también con su poder sanador: “Quiero, queda limpio”. En Aparecida nos pide una Iglesia samaritana, que acoge a los pobres y vulnerables, hacia los enfermos y abandonados. La fuerza liberadora de Cristo, pasa por medio de la Iglesia, que continua la misión salvadora de la Iglesia.
Es un modelo de oración para encomendarnos con confianza a la misericordia de Dios, haciendo una confesión personal: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”, el Señor rico en misericordia, que nos ama, no se deja ganar en generosidad. En cada Sacramento de la Reconciliación, Cristo nos espera para perdonarnos y reconciliarnos con el Padre.







