Monseñor Pierre Jubinville

Obispo de San Pedro Apóstol y presidente de la CEP.

Hace más de un mes nos preguntamos si hacer sonar la alarma o no. Las señales empezaron a llegar en una coordinadora de comités de agricultores y luego preguntando y preguntando dónde me toca hacer visitas, apareció un panorama del que poco se habla. ¿Cómo están? ¿Cómo está el campo?

Hemos pasado tres años muy secos. La señal, en San Pedro mismo, en el distrito y en el norte del departamento, es la mala calidad de la mandioca: dura, con un sabor extraño, difícil de extraer del suelo. Luego, sí, desde mayo hasta ahora, buenas lluvias, aunque irregulares, pero dos heladas bastante fuertes. Algo ha pasado también, en varias zonas, con las semillas de mandioca plantadas que no prendieron.

Finales de junio, había un poco de maíz que aguantó y dio fruto, pero al final, poca comida del campo. Muchos animales mueren, sobre todo las crías de vaca y de chancho. Una señal que no miente: en las celebraciones litúrgicas donde se suelen visibilizar con orgullo los frutos abundantes de la chacra, ahora las ofrendas son escasas.

Esta situación debería ser alarmante. El hecho de que no la sea, de que hay como una ambigüedad acerca de ella, es un signo más del abandono del campo por los pequeños agricultores. Parece que no se sabe o no se quiere saber qué indicadores realmente considerar. Los más jóvenes salen a “changas” (legales e ilegales) y esfuman sus sueldos fugaces en farras y diversiones. Las canchas de fútbol están repletas. Las bodegas funcionan a full. Pero el campo productivo y habitualmente repleto está mal.

Los pocos que viven de la tierra necesitan un “py’a joko”, pero ¿cómo conseguirlo? La catástrofe ambiental no es tan visible, solamente una sucesión de sequías, con algunas pausas húmedas, que van estrangulando a los pequeños y medianos productores. No hay tornado, fuego, crecida repentina,… Sin embargo, los expertos que usan modelos climatológicos complejos predicen dos años más de esta situación. Y aquí estamos hablando de la región oriental. En el Chaco, todo esto es más extremo todavía. Ahí sí, se decretó estado de emergencia por las lluvias e inundaciones de mayo y junio.

Los pequeños y medianos sojeros están acumulando enormes deudas. Hemos visto campos de maíz con tallos bajos y sin espigas. Las huertas con riego, sí, dan. Pero cuando fallan los fundamentos como la mandioca y el maíz, es toda la cadena de la pequeña finca que está en peligro, perjudicando la alimentación de la familia y el crecimiento de los animales.

La actualidad está con los nepobabies, la corrupción, el hambre en Gaza, los aranceles de USA, pero esta realidad está en el subterráneo, profundo y no tan visible. Alguien debería medir y documentarla ahora mismo. Y deberíamos responder. ¿Qué pido? Mirar. Escuchar. Llegar al campo con programas integrales que incluyen asistencia. Acompañar iniciativas locales. Interesar a los jóvenes. Y, por favor, no hacer política partidaria en cima de estas actividades vitales y de las necesidades de este pueblo trabajador y sufrido.