El Bloque de Psicología abordó cómo la tolerancia al calor puede entrenarse, como ocurre con las personas que trabajan expuestas al sol; una sensación térmica de 44 grados responde a un factor ambiental y no psicológico, explicó Jean Clemont.
Sin embargo, advirtió que en contextos de altas temperaturas suele aparecer un segundo componente: la angustia, que muchas veces se confunde con el efecto físico del calor, pero que en realidad es una reacción interna independiente, asociada al temor de que el calor pueda afectar la salud.
En ese sentido, el psicólogo remarcó la importancia de diferenciar estímulo externo y proceso psicológico, validando la preocupación sin patologizarla (creer que se trata de una enfermedad). “El calor es real y externo; la angustia es una respuesta interna”, sostuvo, y añadió que comprender esta distinción ayuda a reducir el malestar. Reconocer qué depende del ambiente y qué de la mente permite tomar decisiones más conscientes, evitar la sugestión y atravesar mejor situaciones climáticas extremas.







