El festejo fastuoso de los 15 años de la hija del director de Itaipú, en el que se vio la opulencia desmedida y a figuras públicas rindiendo pleitesía a Cartes, desató un debate sobre el divorcio entre la clase política y la ciudadanía. Para el analista Camilo Filártiga, lo más preocupante no es el lujo en sí, sino lo que revela:

“Una cúpula dirigente totalmente desconectada de la realidad nacional, ajena a las carencias sociales, y carente de ética pública. Hay una distorsión completa de valores, y eso se traduce en referentes que no representan mérito ni honestidad, sino ostentación y vínculos oscuros”, afirmó.

Esta crisis ética se extiende más allá del caso puntual. Señala que la ausencia de modelos positivos de liderazgo, genera que el crimen organizado gane terreno aspiracional entre jóvenes de sectores populares. “Hoy las camionetas tienen la cara de Pablo Escobar. Kepis con frases como ‘plata o plomo’, porque en muchos barrios ser narco es el nuevo ideal de éxito”.

“Es la consecuencia de décadas de corrupción, clientelismo y abandono del Estado”, expresó, alertando que la indignación ciudadana es mínima y se reduce a sectores académicos, medios de comunicación y organizaciones civiles, sin llegar a generar un repudio masivo.

El problema, según el analista, tiene raíces profundas: una deuda histórica del Estado en educar para la democracia tras la caída de la dictadura. “Se cambiaron leyes e instituciones, pero nunca se preparó a la ciudadanía para vivir en democracia. No se promovieron valores cívicos ni se fortaleció la conciencia de derechos”, apuntó.