En su homilía durante la Misa en el 8vo. día del Novenario a la Virgen de Caacupé, el Monseñor Joaquín Robledo, obispo de San Lorenzo, recordó que cada bautizado está llamado a “comprometerse en la vida comunitaria” y poner al servicio de los demás los dones recibidos.

Inspirado en la enseñanza de San Pablo, destacó que la comunidad cristiana es como un cuerpo donde cada miembro aporta desde su singularidad, y donde actitudes como la sencillez, la misericordia y la “alegría en la esperanza” fortalecen la unidad y la misión común.

Este llamado al compromiso lo ilustró con la parábola de los talentos, que invita a evitar el pecado de omisión. Subrayó que Dios confía en sus hijos y espera que sus dones produzcan frutos, especialmente en el servicio al prójimo, la búsqueda de la justicia y la construcción de una sociedad más fraterna.

Señaló, además, que respetar la dignidad humana, proteger la vida, enfrentar con decisión la corrupción y la violencia son tareas esenciales para cultivar una comunidad fundamentada en el bien común.

“Recordemos que el bien común no es tarea exclusiva de las autoridades, sino un desafío y una responsabilidad de todos y cada uno de los paraguayos, según nuestras posibilidades y posición social”, afirmó el Monseñor y agregó: “La construcción de este bien común nos exige ir más allá de nuestro beneficio individual y pensar en la solidaridad intergeneracional”.