El avance del crimen organizado en Paraguay es sostenido y evidente, aunque aún resulta difícil medirlo con precisión frente a los países vecinos por la falta de datos cuantitativos. Así lo explicó el investigador Juan Martens, quien señaló que, si bien existen estudios de percepción que sitúan al país entre los más afectados por el crimen organizado en la región, no hay cifras oficiales.
En contraste con naciones como Brasil, donde el Estado perdió el control territorial en varias zonas, Paraguay todavía mantiene cierto nivel de presencia estatal, aunque con señales de debilitamiento.
Martens advirtió que el país dejó de ser un mero productor de marihuana para convertirse en un importante distribuidor de cocaína, lo que refleja un cambio profundo en las dinámicas delictivas. Este fenómeno se acompaña de un aumento del tráfico de armas y una creciente infiltración del narcotráfico en las instituciones nacionales.
Según el especialista, este proyecto del crimen, se consolidó como una de las principales rutas logísticas para la cocaína en Sudamérica, mientras el mercado de la marihuana pierde relevancia ante drogas más rentables y de mayor consumo en países como Argentina y Brasil.







