En su espacio habitual de análisis, el coach Pablo Silvetti abordó un tema central para comprender la vida en comunidad: el funcionamiento del “cerebro social” y la manera en que los seres humanos están diseñados para relacionarse.
Silvetti explicó que el ser humano “no nació para vivir aislado”, sino que está biológicamente preparado para la convivencia. Desde el nacimiento, afirmó, el contacto humano es tan vital como alimentarse. El especialista señaló que el córtex prefrontal, encargado de interpretar emociones e intenciones ajenas, así como la amígdala, vinculada a las emociones y la alerta, trabajan juntas para permitirnos leer gestos, anticipar conductas y comprender a los demás.
En su análisis, también advirtió sobre el riesgo de perder esta capacidad natural en una sociedad donde los vínculos digitales reemplazan al intercambio presencial. “Los grupos de WhatsApp son mundos virtuales hechos por seres reales. Pero estamos dejando de interpretar al otro cara a cara, algo esencial para nuestra evolución”, expresó.
Silvetti recordó que, desde tiempos primitivos, el ser humano aprendió a sobrevivir interpretando gestos y señales, un conocimiento que denominó “memoria atávica”. Hoy los jóvenes se consideran “antisociales” o con “baja batería social”, Silvetti explicó que estos conceptos suelen malinterpretarse. “Lo que muchos sienten como agotamiento social es en realidad una baja en la empatía y en la capacidad de estar con otros. Pero necesitamos de los demás: nadie se salva solo”, enfatizó.







