Monseñor Pierre Jubinville.
Presidente de la CEP y obispo de San Pedro Apóstol.
Será el tema por lo menos del próximo año de animación pastoral de la CEP. Es una idea muy tradicional en la enseñanza de la Iglesia, particularmente en la doctrina social. Gaudium et Spes 26 lo define así: “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección”.
El objetivo es la “perfección” de todos y cada una/o, la vida abundante, plena. La idea es que siempre estamos en este “aire común” del bien común. La naturaleza es un bien común. Acá en San Pedro, durante muchos años se ha resistido a que se lotearan los campos comunales. Son espacios de humedales donde libremente cada uno puede dejar su ganado a pastear, cuando hay arroyo se puede pescar, es la porción de territorio común de muchas comunidades instaladas sobre la tierras rojas, siempre un poco más elevadas.
Esto es una imagen pero habla mucho: los espacios públicos son bien común, la plaza, su cuidado, el dinero que se invierte para mantenerla, el sistema de impuestos para conseguir estos fondos, el trato civil que nos damos allí; la escuela, la formación de los docentes, lo que se enseña, los elementos que se usan, los conocimientos que se transmiten; la organización municipal, el presupuesto, el mandato de los consejales e intendente, el edificio, las actividades, las políticas que se deciden…
Cuando uno se para a reflexionar, todo es de alguien, personalmente, y hay gente que sabe multiplicar y hacer rendir, pero también todo es fruto de un compromiso y una responsabilidad común. Algunas cosas se nos delega, presta, adjudica… siempre para el bien de la comunidad.
El bien común es un argumento de la Iglesia para enseñar el cuidado y la honestidad, la responsabilidad y una cierta humildad. Ya estamos escuchando la expresión pero la vamos a escuchar más durante los próximos meses y años de animación pastoral. Es importante dejar que nos toque y nos mueva: mirar la realidad con estos lentes desplaza el centro de gravedad. Nadie se hace solo, nadie es el único fruto de sus propios esfuerzos; estos esfuerzos siguen siendo muy importantes pero el bien adquirido y el mismo acceso a este bien son responsabilidad de todos.
La ecología nos está obligando a pensar más de esta manera. ¿Qué mundo dejamos a las generaciones venideras? ¿Cómo tener una economía más sostenible y duradera que no acapara de manera egoísta ni desperdicia los “recursos” sino que habita la Casa Común en una relación respetuosa con los demás seres de la creación? ¿Cuándo vamos a aprender a cuidar de nuestras infraestructuras físicas y sociales? Nada está ahí que no necesite nuestro cuidado y nuestro espíritu solidario.
Y sí, también, este concepto muestra con más relieve el uso depredador de la naturaleza, el cúmulo egoísta de bienes, la corrupción de las instituciones, la opacidad de muchas administraciones, etc. No es para aumentar el lamento, es para quitar el velo que impide ver la vocación noble y generosa de restaurar, cuidar, hacer fructificar, el bien común.







