El Padre Máximo Mendoza, presidente de la Conferencia de Religiosos y Religiosas del Paraguay, explicó que la oración es una expresión de dependencia a Dios y que genera un sentimiento de unidad tanto espiritual como física, entre los creyentes que fortalece la esperanza en nuestros hermanos frente a los horrores de la guerra.

Sin embargo, aclaró que la responsabilidad de poner fin a las guerras no recae en Dios, sino en nosotros: “podemos tirarle la pelota a Dios y decimos drásticamente que no pasa nada. Está en nuestras manos: en los hombres y en las mujeres, en los gobiernos políticos que definan la situación”.

Ahora bien, los creyentes, que además de esa voluntad política de denunciar y pedir a los gobiernos y aunque se ayude de manera concreta como muchos voluntarios en guerra, tenemos la invitación de orar y mover los corazones: “No porque estamos en Paraguay, me preocupo solo por Paraguay, sino que debo de preocuparme por América Latina y por todo el mundo y más en situaciones difíciles en muchos hermanos y hermanas que sufren a causa de la guerra, esto nos ayuda a solidarizarnos”.

En su encíclica Fratelli Tutti, el Papa Francisco, sentó las bases en la dignidad de la persona humana por ser criatura creada a imagen semejanza del amor de Dios, “siendo del color que fuese, partido político y religión. Eso es lo que nos lleva a respetarlo”, afirmó el sacerdote.