Monseñor Pierre Jubinville

Obispo de San Pedro Apóstol y Presidente de la CEP

 

El miércoles 16 de este mes, hace quince días, la Conferpar organizó su celebración jubilar con la peregrinación procesional desde el Colegio de las Teresianas, pasando frente al Congreso, hasta la Catedral Metropolitana.  La procesión llevaba la cruz, el cartel de la Conferencia de Religiosas y Religiosos del Paraguay y algunas pancartas reflejando los gritos populares en los que se disciernen llamados: denuncia de la corrupción y del nepotismo, ecos de las luchas contra la violencia y las desigualdades, reclamo de una educación accesible y de calidad, clamor por un sistema digno de transporte, etc.  Sabemos lo que esto causó después.  El encuentro de las religiosas y los religiosos se estaba celebrando durante esa semana, meditando sobre el tema “Peregrinos de Esperanza por el Camino de la Paz”.   Se leyó un manifiesto contundente denunciando la pérdida de confianza en las instituciones estatales, en muchas situaciones afectando a los más vulnerables.

 

Procesiones religiosas y manifestaciones sociales se parecen.  No se puede separar lo religioso y lo social y cuando salimos así a “marchar”, se integran, de alguna forma.

 

A mucha gente esto le causa malestar.  Honestamente, siento también este malestar.  Siento que incomodamos y, no me gusta causar esta incomodidad.  Siento que la formulación de las críticas puede herir.  Me siento expuesto, a la vista, en público, y no me gusta.  Ahí, no existe la máscara de un avatar virtual, que a muchos les permite usar una violencia disfrazada de “libertad de expresión”.  No, en la calle, se siente el malestar “en directo”, pero creo que las manifestaciones son expresiones sanas, importantes.  Y debemos saber acogerlas.

 

Que quede bien claro: hablo aquí de manifestaciones pacíficas.

 

Veo una clave importante en lo que el Papa Francisco decía de los sueños.  Mucho habló de este tema especialmente a los jóvenes, les animaba a soñar y no dejar sus sueños de crecimiento, de paz, de justicia, de igualdad, de una convivencia diferente.

 

La incomodidad también hace parte de los sueños y no solamente porque los reclamos demuestran en contraste que los sueños no se están realizando.  ¿Cuántas veces, en nuestros sueños, los que hacemos cuando dormimos, también vivimos la incomodidad de esta contradicción y aparece una insoportable verdad, desnudez, fragilidad,… ¿qué tenemos que encarar?  Las manifestaciones son a la vez la expresión del sueño de una sociedad mejor y la confrontación, en palabras duras, con la revelación cruda de nuestras contradicciones.  Y esto no deja tranquilo.

 

En la convivencia social como en los procesos psicológicos, parece que necesitamos muchas reiteraciones de estos sueños incómodos hasta que algo se resuelva y se integre.  Saludemos estas expresiones sanas y complejas de nuestra vida humana.

 

El Evangelio produce las dos cosas: consuelo, paz, integración y también sacudida, cuestionamiento, dolor.  Tal vez necesitamos más creatividad en nuestras procesiones y manifestaciones para expresar adecuadamente estas dos caras del sueño.  También, hoy en día, necesitamos más acogida de estas expresiones, de las interrupciones y “disrupciones” que causan.  Socialmente, eclesialmente, debemos aprender a acoger nuestros propios sueños: las bellezas imposibles que describen y las incomodidades disonantes que causan.