Evangelio de hoy

Memoria de los Santos Marta, María y Lázaro, amigos y discípulos del señor

Viernes de la 17ª Semana del Tiempo Durante el Año

“Yo soy la resurrección y la vida”

Evangelio según San Juan 11, 19-27

Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?”. Ella le respondió: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”. Palabra del Señor.

Meditación

Siempre la hospitalidad. El Papa Francisco nos ayuda a comprender mejor las Escrituras. Une a la familia de Marta, María y Lázaro, en la misma fe y hospitalidad. Aunque las motivaciones de ayer sean diversas de las nuestras, tanto el deseo como la necesidad del descanso son vitales, según S. Agustín.

“Así, pues, el Señor fue recibido en calidad de huésped, Él, que vino a su casa, y los suyos no lo recibieron; pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, adoptando a los siervos y convirtiéndolos en hermanos, redimiendo a los cautivos y convirtiéndolos en coherederos”. No nos quejemos pues de nuestra suerte, “ya que el mismo Señor afirma: Cada vez que lo hicieron con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicieron”.

Son tan actuales pues estas enseñanzas ya que el deseo de felicidad y la necesidad del descanso, fueron previstas por San Agustín. “Tú, Marta -bendita seas por tus buenos servicios-, buscas el descanso como recompensa de tu trabajo. Ocupémonos de hospedar, ya que cuando lleguemos a la patria celestial ¿encontraremos peregrinos a quienes hospedar, hambrientos con quienes partir el pan, sedientos a quienes dar de beber, enfermos a quienes visitar, muertos a quienes enterrar?

Bendigo al Señor en todo momento y

su alabanza está siempre en mi boca;

mi alma se gloría en el Señor:

que los humildes lo escuchen y se alegren.