Evangelio de hoy

Viernes de la 29ª Semana del Tiempo Durante el Año

Evangelio según San Lucas 12, 54-59

“¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?”

Jesús dijo a la multitud: Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede. Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente? ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo? Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo. Palabra del Señor.

 

Meditación

Discernir el tiempo presente. Según San Agustín pertenece a Dios saber cuándo vendrá el fin del mundo Pero sea cuando sea, ahora es el tiempo de la fe (Sermón 109). “Caminamos entre peligros. Si fuéramos de cristal, temeríamos menos. ¿Hay algo más frágil que un recipiente de cristal? Sin embargo lo conservamos y dura siglos, tememos que caiga, pero no la vejez ni la fiebre. Somos, pues, más frágiles y más débiles, y esta fragilidad cada día nos hace temer todos los accidentes que constantemente acechan la vida de los hombres…”. Esto es actual, pero se han invertido la valoración hasta los valores.

El hombre evita los enfrentamientos y no evita las guerras; evita lo que viene del exterior y no cualquier enfermedad que le toma de repente. Para evitar la muerte, mata la vida, a sus semejantes. San Ireneo de Lyón (s. II) afirmaba “La Gloria de Dios es la vida del ser humano, y la vida de este consiste en la visión de Dios”. Hoy día se rechaza a Cristo y se ensalza la vida del hombre; o sea que la propaganda ofrece a la gente todo lo que desea (consumismo). En realidad, la visión de Dios es la condición sin la cual el hombre no logra superarse.

San Juan Pablo II nos dijo: “Sí, queridos hermanos y hermanas, nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas «escuelas de oración», que no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y vivencia de afecto hasta el «arrebato del corazón»”. Una oración intensa, pues, que sin embargo no aparta del compromiso en la historia, por el grado de interiorización del Encuentro con Cristo. “Un «signo de los tiempos» de hoy, a pesar de los vastos procesos de secularización, se detecta una difusa exigencia de espiritualidad, que manifiesta precisamente una renovada necesidad de orar” (NMI 33).

Esta es la generación que busca tu rostro, Señor!

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes:

Él la fundó sobre los mares, Él la afianzó sobre los ríos.