Evangelio de hoy

San Buenaventura, Obispo y Doctor de la Iglesia

Viernes de la 15ª Semana del Tiempo Durante el Año

“El Hijo del hombre es dueño del Sábado ”

Evangelio según San Mateo 12, 1-8

Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas. Al ver esto, los fariseos le dijeron: “Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado”. Pero él les respondió: “¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes? ¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta? Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo.

Si hubieran comprendido lo que significa ‘prefiero la misericordia al sacrificio’, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado”. Palabra del Señor.

Meditación

Por arrancar las espigas en sábado iniciaron las controversias e iba creciendo la hostilidad en contra de Jesús. Nadie podía violar el sábado, una institución de Israel, como signo de la alianza (cf. Éx 20,8; 34,21); hasta se le condenaba a muerte a quien violaba el sábado. Los discípulos fueron acusados de infringir la norma sabática. Jesús no solo defiende a sus discípulos sino también les plantea una nueva manera de entender la institución del sábado. Parte desde David y muestra en la Escritura cómo el sábado está en función a la persona, es decir, si no hace bien a la persona, no está bien. Mostrando que, Dios quiere misericordia, que se está manifestando en el Hijo del hombre quien tiene autoridad sobre ese día.

Para un judío en la época de Jesús lo más importante era el Templo de Jerusalén, simbolizando el conjunto de tradiciones y prescripciones de orden religioso y patrio, como la misma nación. Jesús les dice que el templo no era el todo ni lo mejor que había; hay algo más importante que el templo y las observancias estrictas y externas de los preceptos levíticos y rituales. Enseña: el espíritu es mejor que la letra, el amor con que se cumple la ley es superior a la ley misma, no es la ley la que santifica por sí misma sino el alma y el amor que ponemos en la ley.

El mero cumplimiento hace que todo dependiese de los méritos de la persona humana; y la respuesta de cada uno es importante, pero mejor es vivir el amor y la misericordia de Dios. El amor es lo más grande que se puede vivir entre los hermanos. Jesús nos pide que nos amemos los unos a los otros así como Él nos amó, hasta el extremo de donar su vida para que nosotros alcancemos la vida de Dios. Y todo eso está en función al bien de la persona, que la hace más digna y feliz.

Perdón Señor porque muchas veces caemos en cumplir estrictamente los preceptos y mandatos, creyendo que nuestra salvación depende de nuestros propios méritos. Ayúdanos a superar eso, comprendiendo que los méritos ayudan, pero lo fundamental es la Gracia de Dios, un regalo totalmente inmerecido en nuestra historia. Gracias por manifestarte en nuestro caminar y enseñarnos a poner a las personas al centro de nuestros pensamientos, palabras y acciones desde la misericordia. Amén.