Jesús dijo a la gente: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: ‘Todos serán instruidos por Dios’. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: Solo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.

Palabra del Señor.

REFLEXIÓN – P. Víctor Luís Cabañas (sdb)

La obra de la evangelización es asunto del Espíritu Santo o, como dice Jesús, del Padre y su Providencia: “nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre…” Pero esa obra se realiza por la mediación humana que empieza en la encarnación del Verbo, en Cristo, y se prologa por medio de su cuerpo que es la Iglesia. En nuestro testimonio cristiano tenemos que sabernos instrumentos de esa Providencia del Padre, de esa guía del Espíritu Santo y, definitiva, del ministerio del mismo Cristo, del que nos alimentamos en la Eucaristía (en la doble mesa de la Palabra y el Pan y el Vino). Y como los caminos de Dios no son los de los hombres (cf. Is 55, 8) la obra de la evangelización transcurre por caminos paradójicos y, humanamente, no siempre comprensibles desde criterios de éxito y eficacia. El ángel del Señor (el Espíritu Santo) envía a Felipe a un lugar desierto y a un hombre sin futuro (un eunuco). He aquí un buen ejemplo de ese anuncio del evangelio por extraños caminos, en apariencia infecundos, incapaces de dar fruto. No es infrecuente escuchar críticas a la inutilidad de ciertas vocaciones y de ciertas misiones. ¿Qué hacen los monjes y monjas de clausura, ahí, encerrados, orando, cuando hay tantas cosas que hacer, tantas necesidades que atender? ¿Qué pintan esos misioneros en territorios musulmanes, en los que ni siquiera pueden anunciar el evangelio?

 

ORACIÓN

«El que coma de este pan vivirá para siempre».