Evangelio de hoy

Miércoles de la 15ª Semana del Tiempo Durante el Año

“Nadie conoce al Hijo sino el Padre ”

Evangelio según San Mateo 11, 25-27

Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Palabra del Señor.

Meditación

El Hijo le revela al Padre, distinguiendo ese conocimiento a los sencillos o pequeños; tanto es así que los sabios y prudentes de este mundo no la tomarán en consideración, mientras que los ignorantes, simples o pequeños la aceptarán. Para ser discípulo hay que ser pequeño. Por eso Jesús puso a los niños en medio de la gente para explicar que hay que hacerse como ellos para entrar al Reino de los Cielos. Son los pobres de corazón, los humildes y los mansos. Es decir, personas que no son soberbias, orgullosas, autosuficientes, que se centran en sus facultades humanas y la posesión de bienes materiales.

“El secreto de la verdadera grandeza está en hacerse como niño, tal es la verdadera humildad, sin la cual no se puede ser hijo del Padre celestial. Los verdaderos discípulos son precisamente los pequeñuelos a quienes el Padre ha tenido a bien revelar sus secretos ocultos a los ´sabios`. Lo llama bienaventurado a quien acoja a estos pequeñuelos”.

Tantas personas que realmente siempre fueron tan pequeñas y, sin embargo, estaban llenas de Dios. Recuerdo a una señora de una ciudad vecina a Asunción, quien a pesar de tantas limitaciones económicas y con escasa instrucción, pudo comprender la voz de Dios en sus sueños y en la experiencia cotidiana. Desde su pobreza siempre me llevó la comida durante 6 años y ayudó a tantas personas muy pobres (lo sigue haciendo hasta hoy día), luego de que Dios le dijera en quiénes Él está. También mi abuelita, a quien siempre una Doncella la visitaba en sueños y le indicaba qué tenía que hacer para las personas que llegarían al día siguiente junto a ella buscando sanación. Luego de muchos años mi padre la llevó a un templo y vio a la Virgen, y empezó a bailar diciendo que era la Doncella que venía siempre en sus sueños. Dios siempre visita a su Pueblo, visita a sus hijos, nunca abandona y desampara. Lo único que nos pide es que seamos pequeños. Virgen María, ruega por nosotros.

Perdón Señor porque muchas veces caemos en la autorreferencialidad, siendo soberbios y egoístas, envidiosos y codiciosos. Ayúdanos a ser mansos y humildes de corazón, a vivir el mandamiento del Amor desde la pequeñez como discípulos tuyos. Gracias por ser nuestro descanso y por reconocer que los misterios de la salvación se dan a conocer a los que son como niños. Amén.