Hoy, 24 de noviembre, la Iglesia Católica recuerda a San Andrés Dung-Lac y compañeros, los 117 mártires de Vietnam, quienes consagraron sus vidas al anuncio del Evangelio y murieron víctimas del odio a la fe.

La historia de la evangelización en los actuales territorios de Vietnam empezó en el siglo XVI. Misioneros provenientes de Europa llegaron a esas tierras con el deseo de anunciar la Buena Nueva entre los naturales y abrirles el camino de la salvación.

Entre los vietnamitas fueron muchos los que acogieron con alegría el mensaje de Cristo; sin embargo, en la medida en que el cristianismo se fortalecía e iba generando un mayor impacto en la vida social y la cultura, otros tantos escogieron la ruta del repudio y la violencia en contra de los conversos.

Especialmente los siglos XVIII y XIX fueron cruentos en este sentido y la sangre de numerosos cristianos fue derramada.

Probados en la batalla, fieles al Señor

En el siglo XIX, los reyes Minh Mang y Tu Duc organizaron una larguísima persecución que duró décadas. En 1833, Minh Mang emitió una orden que prohibía la actividad misionera y obligaba a todo aquel que se reconocía cristiano a renegar públicamente de su fe, bajo amenaza de severos castigos -la cárcel o la muerte-. Este gobernante y su sucesor, llamado Tu Duc, pretendieron imponer el confucianismo de manera excluyente.

Lo peor ocurrió a mediados del siglo antepasado. Entre 1848 y 1860 fueron proclamados hasta seis edictos acusando a los cristianos de conspiradores y representantes de intereses políticos foráneos. Esos 12 años representaron la radicalización de lo que ya venía pasando en Vietnam desde la llegada de los primeros evangelizadores en el s. XVI.

El resultado de estas medidas anticristianas y de casi 300 años de persecución fueron miles de vietnamitas y extranjeros -en su mayoría europeos- martirizados y asesinados. Entre ellos había un número mayor entre obispos, sacerdotes y religiosos, pero también hubo laicos.

La corona del martirio

Paulatinamente, a lo largo del siglo XX, la Iglesia Católica, que hace todo lo posible por preservar la memoria de sus mártires, ha reconocido la santidad y entrega de quienes murieron en Vietnam por odio a la fe.

Es cierto que algunos pueden haber quedado en el anonimato, pero muchos otros han sido debidamente identificados y hoy integran la lista de los fieles cuyo testimonio fortalece a la Iglesia local y universal.
Fuente: aciprensa.com