Martes de la 11ª Semana del Tiempo Durante el Año

Evangelio según San Mateo 5, 43-48

“Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores”

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿Qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? y si saludan solamente a sus hermanos, ¿Qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo. Palabra del Señor.

Meditación

Más sobre el odio y el amor. Se dice que el amor y el odio caminan juntos. Puede ser, pero a nivel pasional de la vida. Más aún la lectura de hoy nos habla de amistad y enemistad, entre gente de carne y hueso, que con inteligencia superan el nivel pasional para vivir mejor y construir un mundo más humano y más cristiano.

San Francisco de Sales escribió una carta a Teótimo, para ayudarlo a comprender de manera inteligente y voluntaria, que el amor es también cosa de valientes: “¿Por qué nos amamos a nosotros mismos en caridad? Sin duda porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Y puesto que todos los hombres tienen esta misma dignidad, también tenemos que amarles como a nosotros mismos, es decir, en calidad de santísimas y vivientes imágenes de la divinidad”. Con esto enseña a amarnos como seres humanos y cristianos, como amaba el joven rico que dijo cumplir todos los mandamientos.

Dios nos pide amarlo a Él, y nos conviene porque es la soberana e infinita bondad y misericordia. Hemos de amarlo por Él mismo, no solo por conveniencia y todo se nos dará por añadidura, como hijos del mismo Padre. Las nuevas relaciones o trato con el Señor nos harán mucho bien, seremos más capaces de escuchar las voces disonantes del entorno y nuestras familias, ambientes de trabajo y la amistad social nos hará testigos de una nueva realidad, porque el reino de Dios crece.

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,  por tu inmensa compasión borra mi culpa; 

lava del todo mi delito,  limpia mi pecado.