En un mundo acelerado e hiperconectado (con conexión constante y permanente a internet y plataformas digitales a través de dispositivos), donde aprendemos a usar inteligencia artificial y nuevas tecnologías con rapidez, la gestión de las emociones sigue siendo una asignatura postergada. Así lo sostuvo la psicóloga clínica y psicoterapeuta María Celeste Airaldi.

La especialista impulsa espacios de educación socioemocional dirigidos a la población en general. “Estamos enseñando a crear imágenes y manejar herramientas digitales, pero no a reconocer lo que sentimos”, advirtió. Explicó que la educación socioemocional apunta a identificar, nombrar y regular las emociones, evitando reacciones impulsivas que luego traen consecuencias personales y familiares.

Airaldi señaló que una de las principales dificultades radica en que muchos adultos no aprendieron a gestionar sus propias emociones, lo que repercute en la crianza. Recordó que, por cuestiones neurológicas, los niños tienden a ser más impulsivos hasta los 8 o 9 años, por lo que necesitan adultos que actúen como reguladores externos. Sin embargo, patrones culturales arraigados, como el “no hables, no sientas, no digas”, dejaron a generaciones con escaso vocabulario emocional.

La profesional enfatizó que buscar apoyo terapéutico es clave cuando las emociones generan malestar frecuente o interfieren en la vida cotidiana, y destacó la importancia de empezar por algo básico pero transformador: “Ponerle nombre a lo que nos pasa y sentimos, las emociones, es una deuda pendiente en tiempos de hiperconexión”, insistió.