A casi cuatro décadas de la caída de Alfredo Stroessner, la corrupción sigue siendo uno de los rasgos más persistentes del sistema político paraguayo. La abogada y activista María Esther Roa afirmó que el modelo corrupto heredado de la dictadura “solo se perfeccionó”, ampliando su alcance y profesionalizando sus mecanismos, con una cúpula más extensa que utiliza al Estado como botín político.

Roa señaló que la impunidad continúa siendo el principal motor de la corrupción y que el miedo, el silencio y la resignación social son también herencias del Stronismo que aún operan en la actualidad.