“Señor, tú nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”
El Papa León XIV retoma una vez más la reflexión en torno a la conocida frase de San Agustín, que recuerda el sentido último de la vida del ser humano, volver a nuestra casa, volver a Dios.

En la práctica diaria, el Santo Padre describe lo abrumados que podemos sentirnos con la búsqueda de hacer más, con mayor rapidez y adecuarnos a las exigencias del ritmo y del mundo contemporáneo, que:

“Se convierte en un vórtice que nos aturde, nos quita la serenidad, nos impide vivir mejor lo que es realmente importante para nuestra vida. Entonces nos sentimos cansados, insatisfechos: el tiempo parece dispersarse en mil cosas prácticas que, sin embargo, no resuelven el significado último de nuestra existencia”.

Por lo tanto, el Papa advierte que esto puede llevarnos a la desesperación, la falta de sentido y el riesgo de dispersión. El sentido último de nuestra existencia es guiado únicamente por nuestro corazón:

“Es, entonces, en el corazón donde se conserva el verdadero tesoro, no en las cajas fuertes de la tierra, no en las grandes inversiones financieras, hoy más que nunca enloquecidas e injustamente concentradas, idolatradas al precio sangriento de millones de vidas humanas y de la devastación de la creación de Dios”.

Y esa inquietud de la cual habla San Agustín, “es la señal de que nuestro corazón no se mueve al azar, de forma desordenada, sin un fin o una meta, sino que está orientado hacia su destino último, el de «volver a casa». Y el auténtico destino del corazón no consiste en la posesión de los bienes de este mundo, sino en alcanzar lo que puede colmarlo plenamente, es decir, el amor de Dios, o, mejor dicho, Dios Amor”.