En el cuarto día del novenario a la Virgen de Caacupé, el Mons. Guillermo Steckling, Obispo Emérito de Ciudad del Este, invitó a los peregrinos a profundizar en el espíritu del Año del Bien Común y a asumir el desafío de construir la fraternidad como camino para cuidar lo que pertenece a todos.
El Monseñor partió de la frase bíblica del día: “Ámense los unos a los otros” para recordar que la fraternidad no es una ilusión distante, sino un sueño que ya fue realidad en la primera comunidad cristiana, que vivía unida y compartía sus bienes después de la efusión del Espíritu Santo. Por lo tanto, exhortó a redescubrirnos como hermanos e hijos de un mismo Padre.
En ese sentido, afirmó que la hermandad debe comenzar por lo cotidiano: en la familia, el barrio, la comunidad de fe y luego extenderse a todo el país y al mundo. Advirtió sobre el peligro del individualismo, las falsas hermandades cerradas y la corrupción que hiere con mayor fuerza a los más pobres.
Recordó la enseñanza del Papa Francisco en Fratelli Tutti, al afirmar que es necesario constituirse en un “nosotros”, y destacó el testimonio de beatos santos y figuras nacionales como Chiquitunga y el Pa’i Pukú, quienes entendieron la fraternidad mediante gestos sencillos y un corazón lleno de Dios.
Como sostenía el Papa Benedicto XVI, la fraternidad auténtica solo puede nacer de la fe y la caridad, porque la razón humana puede construir igualdad, pero solo el amor cristiano puede sostener la hermandad verdadera. De esta manera, invitó a vivir pequeños actos que transforman: rezar por quien nos hiere, rechazar la corrupción, compartir con quien necesita, acompañar a los débiles.
“El mundo no cambiará por las armas ni por el dinero, sino por la caridad de Cristo”, afirmó monseñor.







