Evangelio de hoy

Lunes de la 11ª Semana del Tiempo Durante el Año

San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia

Evangelio según San Mateo 5, 38-42

“Yo os digo que no hagáis frente al que os hace mal”

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado. Palabra del Señor.

Meditación

Corazón, ojos, manos, pies. Retomamos el tiempo común después del ciclo pascual del calendario litúrgico. Como telón de fondo retenemos el espíritu de las bienaventuranzas. Observamos con los ojos y recibimos la realidad en imágenes, pero además la visión nos ayuda a caminar hacia un rumbo, durante toda la vida, hasta la muerte cuando se apagará la luz de nuestra vida. En ese sentido, los ojos representan los deseos del corazón; las manos los quehaceres y los pies la manera en que nos conducimos por la vida. San Antonio, en su época, lo comprendió muy bien y se convirtió en santo patrono de mucha gente.

Dar al que pide no es problema si uno es generoso, si no tiene que dar, la mirada es lo más importante. Quien quiere quitarnos algo, suponemos que lo necesita y si nos proponemos no andar a la defensiva, seremos más libres. Decía San Antonio: “recordar a Jesús, nos eleva y ensancha los corazones; invocarlo es librarnos de las amarguras; seguirlo es andar bien e imitarlo es vivir feliz”.

Educar el corazón significa llenarnos del amor verdadero, afectivo y efectivo; activar la esperanza, razonable y segura; practicar la caridad en verdad y tomar la palabra para decir la verdad con amor. Cuidemos el corazón, la familia, a los niños y adolescentes, a los jóvenes y adultos, y seremos bendecidos.

¡Atiende a mis gemidos, Señor!

Señor, escucha mis palabras,  atiende a mis gemidos,

haz caso de mis gritos de auxilio, rey mío y Dios mío.