En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.


Amén.

Cristo, Rey nuestro.


¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, en este día, me pongo en tus manos como un niño recién nacido. Te quiero decir que sólo en ti tengo puesta mi esperanza. Todo lo espero de ti. Yo, sin ti, nada puedo…

Evangelio del día (para orientar tu meditación)


Del santo Evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.

Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”.

Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: “Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Ensénenme la moneda del tributo”. Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?” Le respondieron: “Del César”. Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hace unos años, en el 2016, tuve la oportunidad de ser voluntario en la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, Polonia. El último día, los voluntarios tuvimos un encuentro con el Papa Francisco. Recuerdo muy vivamente que nos dijo estas palabras con gran fuerza: «Jóvenes, ustedes son la esperanza del futuro, pero si quieren ser esa luz de esperanza para el mundo, les pido dos cosas: tengan memoria del pasado y coraje en el presente» … ¡Qué tarea tan ardua nos dejó el Papa! Memoria del pasado es recordar todo lo que han hecho nuestros padres y nuestros abuelos, todo lo que han hecho los pequeños grandes hombres que han transformado el mundo, incluso también recordar a los primeros cristianos.

La carta a Diogneto del siglo II nos da un testimonio bellísimo de aquellos primeros cristianos: Los cristianos […] pasan la vida en la tierra, pero tienen su ciudadanía en el cielo. Obedecen las leyes vigentes, pero con su vida van más allá de la ley. Aman a todos y por todos son perseguidos… (cap. 5, 9-11).

Esta pequeña carta, que te recomiendo leerla, es un testimonio bellísimo de cómo vivían los primeros cristianos. Y es que los cristianos no somos gente extraña. También vivimos las cosas cotidianas: vamos a la universidad, trabajamos en la política, en los negocios y en la industria. Lavamos los trastes y barremos la casa. Los cristianos sabemos dar al César lo que es del César. Somos honestos, también pagamos nuestros impuestos y seguimos las reglas. Pero también sabemos que somos ciudadanos del cielo. Sabemos que en el cielo el único Rey es Jesucristo. Él nos espera y nosotros deseamos verlo frente a frente. Somos hombres que hacemos el bien todos los días, con paciencia y perseverancia, sabiendo que los tesoros que acumulamos no son de esta tierra, sino que acumulamos tesoros en el cielo, viviendo la caridad día tras día. Con esto damos a Dios lo que es de Dios, lo que le corresponde.

Ahora, en este momento de oración, delante del Rey, te invito a renovarle tu deseo de ser un buen ciudadano de esta tierra y de acumular tesoros en el cielo, que allí está nuestra verdadera patria.

«El cristiano está llamado a comprometerse concretamente en las realidades terrenales, pero iluminándolas con la luz que viene de Dios. El confiarse de forma prioritaria a Dios y la esperanza en Él no comportan una huida de la realidad, sino restituir laboriosamente a Dios aquello que le pertenece. Por eso el creyente mira a la realidad futura, la de Dios, para vivir la vida terrenal con plenitud y responder con coraje a sus desafíos. Que la Virgen María nos ayude a vivir siempre en conformidad con la imagen de Dios que llevamos en nosotros, dentro, dando también nuestra contribución a la construcción de la ciudad terrenal».


(Homilía de S.S. Francisco, 22 de octubre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

En este día trataré de vivir la honestidad como buen ciudadano que quiere construir un país en orden y acumular tesoros en el cielo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.


Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!


¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.


Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.


Amén.