En un nuevo comunicado de prensa hecho público este 30 de diciembre, la organización dedicada al bienestar de la infancia pone de manifiesto los siete mayores retos a los que se enfrentarán los niños de todo el mundo durante el año que está a punto de comenzar

Vatican News

Desde los efectos de la crisis climática, el hambre, la falta de educación, los conflictos y la afiliación a grupos armados, las migraciones masivas debidas a la guerra y la pobreza y las catástrofes naturales o la mortalidad infantil. Estos son los principales retos a los que se enfrentarán los niños de todo el mundo en 2022, según lo destacó este 30 de diciembre Save the Children, la organización que lleva más de 100 años luchando por salvar a las niñas y niños en peligro y asegurar su futuro.   

Los «siete retos» mundiales

Tras casi dos años de la pandemia, que ha actuado como acelerador de las desigualdades en todo el mundo, especialmente en las zonas más desfavorecidas del planeta, Save the Children ha identificado los «siete retos» a los que los niños están llamados a enfrentarse. Al mismo tiempo, la organización reafirma su compromiso de contribuir con determinación y experiencia a la superación de estos grandes retos mundiales, que dibujan una situación alarmante para el año que viene.

Un escenario en el que dos millones de niños menores de cinco años corren el riesgo de morir de desnutrición y la tasa de mortalidad infantil es probable que aumente, por primera vez, en treinta años. Al menos ciento diecisiete millones de niños están sin escolarizar a causa de la pandemia, cuatrocientos cincuenta millones viven en zonas de conflicto y unos veinticinco niños al día son reclutados por grupos armados.

Niños a merced de la crisis climática, con un riesgo de exposición a las olas de calor para los nacidos en 2020 siete veces superior al de sus abuelos, o protagonistas de la migración a gran escala, con el mayor número de niños desplazados desde la Segunda Guerra Mundial. En el comunicado se lee:

“Hace un siglo, tras la Primera Guerra Mundial y la pandemia de 1918, la fundadora de Save the Children, Eglantyne Jebb, promovió la idea de que cada generación de niños ofrecía a la humanidad la oportunidad de reconstruir el mundo a partir de sus propios escombros”

Invertir en el futuro de los niños

Y se explica que “su intuición fue invertir en el futuro de los niños como salida a momentos de profunda crisis: la pandemia de coronavirus es la mayor perturbación mundial de nuestro tiempo, que diezma las economías, pone a prueba los sistemas sanitarios hasta sus límites y condiciona cada vez más la política”. De manera que, en este escenario, según Daniela Fatarella, directora de Save the Children Italia:

“Los niños que serán recordados como ‘la generación Covid’ son los que se arriesgan a pagar el mayor precio. Los retos que parecen caracterizar el nuevo año y que están interconectados deben ser abordados, con decisión y también con inventiva, para responder al estancamiento o, en el peor de los casos, al retroceso de los progresos realizados para garantizar un futuro mejor a los más jóvenes. De lo contrario, no sólo esta generación, sino también las futuras, pagarán un precio enorme, en Italia y en todo el mundo”

La emergencia del hambre

El reto número uno es la crisis alimentaria, que registra cifras alarmantes como nunca antes en las últimas décadas. Save the Children señala que, en el último año, una tormenta perfecta como la del Covid-19, los conflictos y el cambio climático ha llevado a millones de niños más a la desnutrición y se calcula que para 2022 dos millones de niños menores de cinco años morirán por causas relacionadas con el hambre.

Falta de acceso a la educación

Otro gran reto, continúa la organización, es la escolarización. Volver a las aulas tras dos años de educación interrumpida o intermitente no será fácil para muchos niños del mundo. Save the Children calcula que al menos ciento diecisiete millones de niños de todos los países siguen sin ir a la escuela por culpa de la pandemia. Lo que se suma a los doscientos sesenta millones de niños que no asistían a clase incluso antes de la propagación del virus.

La guerra destruye la infancia

Save the Children calcula que 450 millones de niños viven en zonas de conflicto, entre ellos casi doscientos millones en las áreas más peligrosas del mundo, lo que representa la cifra más alta en más de una década.

La organización destaca, además, los esfuerzos de muchas otras estructuras de derechos humanos y de la infancia para proteger a los niños de los peores efectos de la guerra, por ejemplo, consiguiendo que ciento doce países firmen la “Declaración de Escuelas Seguras”, que convierte a las escuelas en lugares seguros en zonas de guerra. Y también señala que hay muchos niños que no han conocido más que la guerra en su vida, con consecuencias muy graves para su salud mental.

Reclutamiento de niños por parte de grupos armados

Además de los niños que viven en zonas de conflicto, Save the Children señala que hay muchos otros que viven en lugares inseguros, donde el aumento de los grupos armados que explotan el reclutamiento y la utilización de los niños no deja de crecer: estos grupos han pasado de ochenta y cinco a ciento diez en el último período, y la pandemia, con la interrupción de la asistencia a la escuela, ha hecho que los niños sean más accesibles y, por tanto, más vulnerables y corran un mayor riesgo de reclutamiento forzoso.

“Sólo en 2020 se reclutaron unos ocho mil seiscientos niños, es decir unos veinticinco al día, lo que supone un aumento del 10% con respecto al año anterior”

La crisis climática

Los niños nacidos en 2020 estarán expuestos a fenómenos meteorológicos mucho más extremos que en el pasado: las olas de calor les afectarán en promedio siete veces más que a sus abuelos, sin contar las consecuencias de las sequía, las crecidas de los ríos, las pérdidas de cosechas agrícolas y los incendios devastadores. En el comunicado se afirma que “la cumbre del clima COP26 celebrada en Glasgow en noviembre fue una especie de punto de inflexión para el activismo juvenil, que se impuso de forma asertiva e inquietante, gracias en parte a Greta Thunberg, que es su abanderada”.

“Las promesas hechas por los líderes mundiales en Glasgow siguen siendo insuficientes, y los niños serán los que más sufran la inacción de los adultos ante el desastre medioambiental que se está produciendo, aunque no tengan ninguna responsabilidad en él. Todas las miradas estarán puestas en la COP27 de 2022 para ver si los líderes pueden convertir lo que se ha descrito como el ‘bla, bla, bla’ de Glasgow en acciones concretas para asegurar el futuro de los niños”

Las grandes migraciones de refugiados y desplazados

Entre los años 2005 y 2020, el número de niños refugiados se duplicó con creces, pasando de cuatro millones a unos diez millones, mientras que el número de niños desplazados a nivel mundial es ahora el más alto desde la Segunda Guerra Mundial. En el documento se lee:

“Las imágenes de niños que intentan cruzar las fronteras, o que mueren en el camino, han conmovido regularmente a la opinión pública, pero sólo ocasionalmente han modificado las políticas”

Mortalidad infantil

En los últimos treinta años, las tasas de mortalidad infantil han descendido casi un sesenta por ciento. Sin embargo, con la pandemia, la intensa presión sobre los servicios sanitarios de todo el mundo ha hecho que enfermedades que antes estaban casi erradicadas, aumenten en 2022 por primera vez en décadas, lo que representa un desastroso retroceso en la salud de los niños a nivel mundial. En treinta y dos países, las muertes por paludismo, que antes habían disminuido considerablemente, volvieron a aumentar. Descubrimientos recientes, como la primera vacuna eficaz contra el paludismo, ofrecen la esperanza de que los avances en las vacunas «para la pandemia» puedan ayudar a los niños de todo el mundo.

Italia: declive demográfico

Daniela Fatarella  concluye afirmando que «asimismo en Italia los niños se enfrentan a numerosos retos: el país experimenta un declive demográfico que parece imparable, debido también a la falta de políticas destinadas a proteger la paternidad, mientras que la pobreza aumenta cada año”.

Recuerda además que “el cierre de escuelas debido a la pandemia ha ampliado las diferencias en las oportunidades de aprendizaje e Italia tiene el mayor porcentaje de jóvenes que no trabajan ni estudian en Europa. Estos retos sólo pueden abordarse con un trabajo sistémico, y los recursos dedicados a la próxima generación y a la garantía infantil deben utilizarse con valentía y centrándose en las generaciones más jóvenes y en sus necesidades, para no perder una oportunidad preciosa de relanzar el país”.