Al concluir la Audiencia General de los miércoles, el Santo Padre dirigió unas palabras al país del este europeo, duramente afectado por la guerra en curso. Y relató las “monstruosidades” de la guerra que le describió por teléfono su limosnero apostólico, el cardenal Krajewski, en misión en Ucrania por la cuarta vez para llevar la ayuda y la cercanía de la Iglesia.