Evangelio de hoy

FIESTA DE SAN ANDRÉS, APÓSTOL

Miércoles de la 1ª Semana de Adviento

Evangelio según San Mateo 4, 18-22

 “Los haré pescadores de hombres”

Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar, porque eran pescadores. Entonces les dijo: “Síganme y yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino vio a otros dos hermanos: a Santiago hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca de Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Palabra del Señor.

Meditación

Haré de ustedes pescadores de hombres. Misión de la familia… Si la pezca se realiza en los ríos y el mar, los hombres son pescados en y para la familia. Es claro, si lo más importante es el amor a Dios y al prójimo. Con razón el Papa Francisco afirma: “El amor es el tema más importante, para los hombres y para Dios. Para Él porque la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura; y para nosotros porque en el amor expresamos la fidelidad a nuestros seres queridos y nuestra búsqueda de la trascendencia (Amoris laetitia, Prólogo).

En efecto, habiendo sido llamados a la vida por Dios, desde el seno materno, recibimos la vocación-misión de ser cada día “una comunidad de vida y de amor” (GS 48). Desde entonces, cada uno de los miembros de una familia, gracias al bautismo, recibimos la misión de “custodiar, revelar y comunicar” como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad, y del amor de Cristo Señor, por la iglesia su esposa. Es claro, que desde la iniciación cristiana y sobre todo desde la confirmación, antes del matrimonio, el joven ha de plantearse su respuesta a la vocación matrimonial y familiar.

“Se nos enseña, entonces, en estos cuatro que dejan su oficio, su patria y su casa por seguir a Jesucristo, a no detenernos por las preocupaciones de la vida secular, ni por la costumbre de vivir en la casa paterna (S. Hilario de Poitiers)”. Es decir, sin interpretar de manera literal, al pie de la letra, la iniciativa de Dios y su llamada a trabajar por las familias cristianas, patrimonio de la humanidad.

Bendice, alma mía al Señor!

Bendice, alma mía al Señor,

y todo mi ser su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios.

Fuente: Oficina de Comunicaciones del Arzobispado de Asunción.